viernes, 25 de septiembre de 2026

Puede que esté enojada

Versão em português.


Todavía duele un poco cuando suena Sojourn en la playlist de cinco horas y 35 minutos que escucho cuatro veces por semana en el gimnasio. Se llama Gym, como ya lo pueden imaginar. Existe hace cuatro o cinco años y las canciones van siendo renovadas periódicamente, aunque con cada vez menos frecuencia, admito.

Me pasó lo mismo después del show de Haim. Pero yo estaba enojada con ellas después de verlas en el Primavera Sound de Oporto, así que tenía sentido que me doliera cada vez que alguna de sus canciones saltaba en mi Spotify. Bueno, quizás esté enojada con Joji también. Lo de las Haim fue lo siguiente: subieron al escenario 10 minutos tarde, algo inadmisible en un festival, porque no pueden recuperar esos 10 minutos al final, y, como si no fuera suficiente, dejaron fuera del setlist la canción que más esperaba escuchar. Una canción que había estado en su setlist en la edición barcelonesa del festival apenas unos días antes. Esto no se perdona.

Joji, por otro lado, fue puntual y no dejó fuera ninguna canción del setlist previsto en toda la gira. Aunque sí obvió del repertorio una de mis favoritas, pero yo ya estaba preparada para esta tragedia. Sabía el orden exacto de las canciones y con eso creía que estaba suficientemente spoileada como para no decepcionarme con nada. Pero la vida es una cajita de sorpresas.

Conocí a Joji en 2020, poco antes de que saliera el álbum Nectar. Me obsesioné tanto que en pocos meses ya había consumido todos y cada uno de los vídeos de YouTube donde aparecía. Entrevistas, videoclips, skits, vlogs e incluso algunos contenidos de Filthy Frank, aunque sienta el más absoluto desprecio por el personaje muerto en 2017. En los años siguientes ya no salía nada nuevo relacionado con él, por lo que me contentaba con los vídeos de las giras. Muchas veces veía los recitales completos, así que ya sabía hacia dónde iban los tiros. O eso creía.

Sus shows consistían en cantar lo mínimo posible y, claro, sobre pistas de sus canciones; no alcanzar ninguna nota alta, ni tan solo un falsete; ir de un lado a otro del escenario e invitar personajes raros para hacer intervenciones. Había incluso un animador que quedaba en un rincón del escenario gritando y haciendo ruidos molestos típicos de los programas televisivos de domingo. En resumen, ya sabía desde el principio que si lo veía alguna vez en vivo, sería insufrible. Aun así, verlo en vivo era una de las cosas que más quería hacer en la vida. Entonces, a fines de agosto pasado, partí rumbo a Berlín para finalmente cumplir con mi sueño Gen Zier.

Dicho esto, cuando estaba ahí impaciente, sosteniendo mi vaso de cerveza caliente de siete euros, esperándolo subir al escenario, creía que sabía exactamente qué me iba a entregar Joji. De su gira actual solo había visto clips muy cortos en Instagram, pero parecía más que suficiente.

Pues no lo era.

Lo primero que noté fue un pequeño cambio en el orden de la segunda canción, pero nada grave. Me encontraba en el más puro estado de euforia. Seis años después, finalmente lo veía en vivo. Lo escuchaba a pocos metros de mí y lidiaba con una mezcla bastante llamativa de emociones. Luego me di cuenta de que no había animador. Nada de gritos, nada de ruidos de cornetas. Ningún personaje raro. Las pistas pregrabadas estaban ahí y la ausencia de notas altas también. Pero Joji no se movía y no hablaba. Estuvo todo el show parado en el centro del escenario, en la misma posición. Ni un pasito a la izquierda. Ni un pasito a la derecha. El clásico momento de la pistola de remeras fue ejecutado en un silencio triste. Sus únicas frases durante todo el recital fueron “How are you doing, Berlin?”, al principio, y “There are two more songs left”, al final. And that was it.

En pocas palabras, lo que pasó es que me sentí estafada. Esperaba una poronga, pero recibí una poronga distinta de la poronga que esperaba.

A la vuelta al hotel, en busca de un fast food abierto para llenar uno de mis vacíos, tenía sentimientos encontrados. No podía estar decepcionada si no esperaba demasiado. Esperaba otra cosa, es verdad. Pero lo había visto. Él había estado ahí, a metros de mí, con su pelo necesitando un corte urgente, sus nuevos tatuajes y su aparente depresión.

Por eso aún duele cuando suena Sojourn.

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